VETE A OTRO CON ESE CUENTO

Resultó que sí, que había encontrado al gran mago, al genio de la lámpara. Y, en un momento de inspiración, tuvo claro lo que iba a pedirle:

– “Borra de mi vida todos los momentos tristes e infelices, los disgustos, las traiciones y decepciones, el sufrimiento, el dolor,…”

Y sucedió que, como gran parte de sus alegrías y recuerdos felices, lo habían sido por haber logrado superar o poner fin a las causas o situaciones de mayor dificultad de su vida, de mayor angustia y dolor, de haber logrado arrancar aquellos agónicos carteles de Sin Salida, al final del túnel; con ellos, habían desaparecido, también, la causa o motivo de su efímera felicidad.

En nada podían distinguirse ya los hechos o tiempos felices del resto de sucesos y situaciones anodinas e insignificantes de su vida, no había nada para saber o intuir que podría ser la felicidad.

De la patada que le dí, la lámpara saltaba y rodaba a gran velocidad, con un cling – clang continuo, calle abajo. Reparé en el dolor de cabeza y osamenta del pobre genio que aún seguía dentro, y me alejé deprisa, por si clamaba venganza cuando pudiera pararse.

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