Otoño sentido (12)

 

Quieren cosernos la boca con sus alambres de espino,
ensangrentar las palabras que hacen saltar sus muros,
y apresarlas, porque dicen, que hay delito en pronunciarlas.

y no se están refiriendo a las promesas con las que mintieron
en sus propias elecciones, estafando y matando esperanzas,
en la gente sencilla, ingenua, desamparada y necesitada.

Las palabras, solo serán reprobadas, cuando resulten molestas
para aquellos que nos mandan, o si dañan la tarea,
a esos vampiros insaciables que trafican con dinero,

y que han hecho de él su droga, por la que matan y mueren,
aunque ellos dicen que juegan, en la bolsa de “valores”
– y ya hay que tener “valor” para darle esa denominación -.

Y, para apoyar cuanto digo, hay un respetuoso silencio,
imperando en los grandes medios,… de manipulación.
Ay, perdón, que ustedes dicen que son, de “comunicación”

Mientras, ponen su mordaza (y la disfrazan de ley)
a titiriteros y actores, a blogueros, raperos, escritores,
y gentes de mal vivir, detractores que proclaman, y hacen saber:

Que, siendo usted un fundamentalista cristiano, político adoctrinado,
y ministro acomodado, cual prueba el ser miembro del opus dei,
no sea ahora vengativo y no haga usted esta ley

que apesta, y es basura que guardaba de su ayer.
Y, además, hay muchos que conocimos los desmanes producidos
por los auto-nominados, “guerrilleros de cristo rey”

Y la democracia muere, poco a poco, desangrada.
Han logrado que, al terminar de votar, se termine tu función
hasta una nueva elección. Se prohíbe tu opinión y sentirse ciudadano,

si has de expresar tu criterio, disentir, indignarte y denunciar la traición.
Todo esto es ilegal, ahora tienes que callar hasta volver a votar
¿Y si no voto? Pues se prohíbe opinar. Si no participas, tú no te puedes quejar.

Y así perpetúan el timo, y se burlan de nosotros,
la medrosa clase media que no quiere progresar,
turba de muertos de hambre que no sabemos robar.

Soy pobre, por ética y vocación, para no ser un ladrón.
Es cuestión de dignidad el lograr no desear más, y que se coman
sus acciones y esa productividad que impide, dar trabajo a los demás.

Y ahí va mi mayor desprecio para los que, impunemente,
se auto-fabrican sus leyes y ordenan el contenido de las sentencias,
esas que hacen especiales, para los que de ellos discrepan.

Mientras, los pobres aumentan, y los ricos más prosperan.
Ser triunfador no es delito y no importa lo inmoral,
y hacemos lo injusto lícito, para cuadrar nuestras cuentas.

Aunque me arranquen los labios y me aten a un jergón,
yo  ya no pienso callarme, llegue a quién llegue mi voz.
¡Cuánto me duele la boca! ¡Cuánta cárcel! ¡Cuánta pena!
Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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