PROSA ÍNTIMA O PRO-ÉTICA (2)

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LUZ

Que todas, como todos y es sabido, sois-somos hijas de luz, digo. Cuando nací, no lo sabía, y aunque tardé, hube de comprender que me nació mi madre, que me dio a luz, una luz propia, la mía, y me venía de regalo, era dádiva de la vida de mi madre, de la de todos, y la de cada uno que, además de la suya, le alumbrará y la llevará con él toda la vida, —no descartes apagones, ni tempestuosas tormentas, ni noches sin luna y sin estrellas– pero a ti ya te acompaña, e irradia de dentro a fuera.

Fui hijo del sol y con luz propia, aun antes que me nacieran y, como él, que al dar luz, da vida, y nos vamos apagando. El mismo sol me enseña que, cada vez que sus rayos y su flama nos envía, es porque él, se está quemando, transformando en calor y en luz su masa y que esa es nuestra energía. A veces, lo añoro en noches oscuras y frías, y creo que susurra en mi oído: Con muerte, se transmite vida, que son la misma cosa, las dos caras de la misma moneda, y no hay otra manera.

Con la luz se inició la creación —sea la bíblica o la de la evolución, , o quizás, un poco de todas y ninguna de las dos—

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Y allí afuera estaba, en el espacio que ilumina y en el tiempo de años luz como medida, “y habitó entre nosotros” e, insisto que, no obstante,  solo podremos verla desde dentro, adentrarnos en ella y que ella entre en nosotros, haciéndose tuyamía, nuestra, de todo el que, con todos sus sentidos, la sienta, se alumbre y nos alumbre con ella.

No lo olvides, aunque existan inconmensurables pozos o agujeros negros, hay también, cegadora, abrasadora luz del sol y de otras estrellas, que no van a dejarte abrir los ojos, porque la luz, también ciega. No habrá así, para nosotros, más luz que la nuestra, la que nos entre y que, a mi parecer, es más que suficiente. ni Ícaro, caído y con sus alas abrasadas por querer llegar al sol, ni un gusano o lombriz ciega, sin, por innecesarios, ojos, y que para comer y vivir, se arrastra, se entierra y se come la tierra.

La luz beneficiosa será, esa que ya es, y cuanta pueda llegarnos después de la de ahora, humilde y modesta, que puede atravesarse, saborearla e ir en busca de ella, que nos caliente y alumbre la vida entera, viéndola desde el ojo al cerebro, desde dentro y disfrutándola con todos fuera.

Disfrutemos de esta luz, para nosotros, eterna. De nada servirá la inteligencia, sin voluntad de constancia y permanencia, sin ese fulgor tuyo, esa inmanencia.

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