LÍDICE (1) – Multi-relato por entregas

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Desde algún sitio había que empezar, y desde aquí partimos, mi querida Lídice. Me vas a permitir que te “rebautice” así, sabes que no podría escribir sobre ti utilizando tu verdadero nombre y, este, me pareció muy adecuado para empezar a hablar de tu increíble infancia, de cómo tu instinto, tu fuerza y tu decisión, evitaron que sucumbieras.

Venías con el grito atronador del silencio en tu mirada, con los ojos muy abiertos, en alerta permanente, atenta, pero no asustada ni implorante, sin pedir ni querer regalar nada. Intimidaste mi sonrisa cuando me puse frente a ti,  delante de tus ojos, con ese azul transparente, de agua marina, pero que al mirarte, convertías en muros de hielo para evitar que cayera de ellos una sola lágrima. Al darte la bienvenida y acercarme a saludarte intentando acariciarte la cabeza, o agarrarte por el hombro, muy despacio, el gesto de defensa y autoprotección automática, característico en los hijos del maltrato, se disparó como un resorte desde la amígdala a todo tu cuerpo, tenso y menudo. No cabe la reflexión ni la mentira en los actos reflejos, y menos, en una niña de ocho años. Tus antebrazos se cruzaron sobre tu cabeza a la vez que te encogías entera, mostrando la menor cantidad posible de piel donde recibir el impacto.

No pasa nada Lídice… Eso de pegar o hacer daño a la gente aquí no se hace nunca. Has venido de vacaciones, a pasártelo bien y a conocer el mar, con chicos y chicas como tú. Ya verás que aquí, nadie pega a nadie—   Tú mirada no variaba, escéptica, sin levantar la cabeza y manteniendo la distancia protectora que habías establecido.

Sabía que cada encuentro en los primeros días iba a suponerme tu rechazo, que tenía que ganarme una confianza que no podías tenerme, pero para eso estábamos aquí tú y yo. Quedaba un largo camino para demostrarte que eras una persona digna de ser amada —y aún no sabía hasta que punto— Yo era muy joven; no te enfades si hago trampas, pero me enamoré de ti a través de esta historia, desde tu infancia en la que aún no te conocía y  aunque, temporalmente, transcurriera a la vez que la mía… ¡Vería después tantas niñas y niños, tantas mujeres asoladas, solas, aisladas, sin salida! repitiendo tu mirada y tus gestos  de vital desesperanza, que también contigo lo vivía.

Por eso, ya te vi como niña cuando llegabas, y te reconstruyo como tal ahora, que sabemos de nuestras vidas pasadas, que puedo admirar en plenitud tu madurez, tu inteligencia y tu fuerza, todo cuanto me has enseñado y hemos compartido en nuestro camino y en nuestra cama. Siempre agradeceré que la Literatura nos librara de la psiquiatría, la psicología, el diagnóstico y la terapia, que me llevaban a encontrarte mediante protocolos insalvables y de obligado cumplimiento, para definir e identificar síndromes que, para mí, no son más que adjetivos calificativos, que anulan y roban la identidad del sujeto. Y a partir de aquí, sin dudas si hay consenso, la verdad solo podía ser esa, como podían demostrar con historiales, manuales, expertos y colegiados, todos juntos, haciendo “cuerpo”

Y ya podemos olvidarnos de seguir buscando, de darle vueltas, de la biografía, de vivencias, indicios o hechos significativos anteriores, de intentar encontrar alternativas o suposiciones que atenten contra la sacro-santa verdad diagnosticada. Y si no coinciden actos, sucesos, respuestas o sentimientos, pues eso es la locura, la falta de coherencia.

Intencionadamente, he escrito con mayúscula  la palabra “Literatura” para diferenciarla del resto de “disciplinas” a las que aludo como contrapuestas.

No me pidas la fuente ni la cita exacta. Cuando hago mía una idea, deja de ser de quién pudo decirla antes y la digo a mi manera. El caso es que no sé quién pudo afirmar, más o menos, que, cuando no podemos o fallamos en la manera de afrontar o calibrar nuestras limitaciones, torpezas, temores, dolor o decepciones, en Literatura se llama novela, teatro, relato, poesía,… con protagonistas, con nombres, sentimientos y vida propia, mientras que en psicología, se habla de neurosis, psicosis,… y al que sufre, vive o disfruta en una realidad que no es tal a los demás, se le llama neurótico, psicótico,…

A pesar de que esa era mi intención primera, no voy a poder escribir tu historia larga, tu novela; no me cabe ni puedo dedicarle la vida entera, y menos, sabiendo que aun así, siempre estaría incompleta. Por eso, he decidido que iremos publicando retazos, fragmentos, secuencias, imágenes de un momento; algo así, como una sucesión de fotos fijas, incapaces de formar una película completa.

Y pondremos carteles en las calles que digan: “Lídice sigue buscando respuestas”  y muchos más aportaran sus recuerdos, mientras otros, podrán coser estos retales, o añadir alguno nuevo. Y todo lo iremos recibiendo y nos obligará a cambiar nuestro proyecto, porque evoluciona, crece y olvida. Haremos así, lo que te corresponde y mereces, un libro vivo, siempre inacabado y siempre mejorando con nuevas aportaciones y con las decisiones que tomemos sobre ellas, siempre creciendo y negándose a terminar, al menos, mientras exista alguien que te recuerde y lo cuente.

Ya sé que no habrá editorial capaz de hacer una nueva edición con cada cambio o aportación, sería el martirio y tortura de correctores y editores, en contradicción con el goce de los autores, a los que siempre gusta mejorar o actualizar su obra.

Como, de momento, no es nuestra intención publicarlo en papel ni venderlo, nos quedamos con el gozo de seguir escribiendo y la impaciencia de quien lo vaya leyendo.

Vamos a hacerlo así, cariño, por entregas y a ver qué queda. Sabemos que como en todo,  habrá un final. Pero por ahora, no nos lo planteamos, no lo conocemos, ni queremos saberlo.

Me hablas de crear y mantener un blog al respecto, pero ¿sabes? no es exactamente lo mismo, aunque si será posible hacerlo así, para empezar a dar forma a nuestro proyecto… yo preferiría llamarlo “libro-blog” o “blogo-libro”

Cada uno podría tener el suyo, un ejemplar único y diferente, por sus aportaciones, con sus contribuciones, personalizado según la visión que cada cual tenga del mundo, un libro-blog abierto a todos y único para cada uno.

Y así lo dejamos por hoy, a modo de excusa y de presentación, para iniciar este proyecto y volver a recuperar nuestro relato. Recordad, de momento, que hemos dejado a Lídice llegando a sus primeras “Colonias”  que así se llamaban las primeras estancias de verano para niños necesitados que el padre Llanos en el Puente de Vallecas o la parroquia de San José Obrero de Carabanchel, entre otras, organizaban en los barrios y poblados de la periferia madrileña.

Sin perderla de vista, y esperando me devuelva su mirada o mi sonrisa, pero manteniendo la distancia que ella me ha impuesto y por la que hoy voy a mostrarle mi respeto, veo a mi niña mirarlo todo con ojos de sorpresa, y en nuestro lenguaje mudo, sin mediar una palabra le digo:

—Estás sola porque quieres, no lo olvides, quiero verte sin ser visto y hablar o estar en silencio contigo, cuando tú quieras.

 Y, ahora, os dejo y me retiro hasta la próxima, que no ha de agobiarse ni presionar a quién busca sus encuentros, su ritmo o su camino.

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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