Gato soy

el

Desde el balcón de la luna
me asomaba a la azotea
y guardando el equilibrio
iba buscando los pájaros
y contemplando las flores
en las barandas, las macetas
o las ropas de las cuerdas.

Y me abandono y me mecen,
con la brisa de la noche,
los aromas de recuerdos,
la emoción de sus vivencias.

Es que no puedo evitarlo,
soy gato de nacimiento,
me encanta subirme al árbol,
o rebuscar mi sustento
en los cubos del tesoro,…

Soy el rey de los noctámbulos,
que regresa a sus dominios,
cuando vuelvo a mis tejados
para buscarme la vida.

Y, en noches de calentura,
oliendo a mis gatas viejas
que aúllan en alaridos
llamando al ansia de madre
como los niños pequeños
en llanto desesperado,
de chillidos y de ausencia.

Vagabundas, si lo eligen,
se aparean con cualquiera.
Y son más puras y bellas
que las gatas de las damas,
en sus alfombras y almohadas,
esperando su caviar
y despreciando las raspas,
incapaces de mojarse,
todo el día, disfrazadas,
con lazos tras las orejas,
cascabeles y collares
rodeando sus cabezas,
son incapaces de oír,
el ruido que hacen sus presas.

No son gatas, estas,
solo son,
dueñas de sus dueñas

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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