LÍDICE (2)

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Cada mañana, antes de que sonara el despertador, ya estaba Lídice despierta y preparada. A pesar de su corta edad, había frenado en seco cualquier intento de burla o agresión de los más mayores. No supimos nunca como lo hacía. Sin perderla de vista, dejé de mirarla cuando ella me miraba y, poco a poco, su gesto fue aflojándose.

Desayunaba a toda velocidad y bajábamos a la playa. Le encantaba pisar la arena mojada y que las olas murieran acariciando sus pies y empezó a sonreír con la mirada perdida en el horizonte, llenos sus ojos de luz, casi transparentes, cuando les daba el sol con el mar de fondo.

Desde hace tres o cuatro días, se sabe observada y respetada, ya no es la cervatilla, siempre asustada cuando la miran o cuando ve acercarse a alguien mayor que ella. Estamos manteniendo un reto de miradas clandestinas y ambos aceptamos el juego. Sabe que la miro cuando juega sola y se esfuerza en no mirarme. Retiro la mirada y ella empieza a mirarme con cautela, en ese escondite cándido de “no estás si no te veo”

Me vuelvo de pronto, riéndome en un “te pillé”  y ella reacciona retirando su mirada. Pero esta vez, ha sonreído al hacerlo, confirmando, a su manera que le gusta cuando le hacen caso sin sentirse agredida.

Recoge del paseo flores, y tallos, de la playa, conchas, caracoles, algas, piedras caprichosas, lapas,… y separa las enteras de los trozos nacarados a los que siempre da la vuelta, y camina con su botín para esconderse sentada detrás de unas pequeñas rocas, entre el agua y la arena.

Me acerco muy despacio y tengo la sensación de que me espera, aunque nunca lo reconocería. Con los tesoros obtenidos está construyendo jardines y paseos que bordea con los tallos de hierba, ahora convertidos en árboles de especial colorido, cuando va colocando junto a ellos las flores recogidas. Alrededor, dibuja con sus dedos en la arena contornos y aceras, construye casas de tejados brillantes y una pequeña playa, todo un mundo pequeñito y propio que sigue decorando, y el conjunto, visto desde arriba, adquiere un aspecto naif, muy hermoso y con un colorido especialmente armónico.

— Ya sé que no hablarás conmigo… Pero ¡hay que ver lo bonito que te ha quedado!

— Llévate lo que quieras de cuanto has encontrado, y cuando lleguemos a “La Casa”, pídeme pinturas, papel cartón, lo que quieras,  para que sigas haciendo sitios tan bonitos y puedas guardarlos, sin que te lo rompa el agua.  

A mí, me gustaría ser pequeñito y que mi casa fuera esa concha tan bonita al lado del árbol – flor

¡No!, esa es mía — me contesta tajante y sorprendida, pero sin intentar huir o esconderse. Un escalofrío me conmueve, es la primera vez que la escucho hablar y su voz, con el sonido del mar de fondo, suena como el agua en el cristal.

— No me extraña, —le contesto—, es la más bonita de todas… Si te parece, después de comer, intentamos hacer este pueblo tan bonito en papel y con un tablero. Y, si me dejas, me hago yo otra casa, donde tú me digas.

Sin decir palabra, mueve afirmativamente la cabeza con la vista puesta en su mundo, en su trocito de playa.

Durante el camino de regreso, me pongo a andar a su lado. Ella levanta la cabeza y yo, mantengo la vista al frente. Permanece a mi lado, y mi corazón me envía una sonrisa. Y, al poco rato, estoy a punto de llorar de emoción cuando noto que ha cogido mi mano para seguir caminando. Es un momento mágico y frágil, lleno de esa felicidad tan auténtica como intangible, que produce el logro, el hacer algo por alguien que te necesita y se lo merece.

Me vuelvo a mirarla, ella me mira a mí,  e intercambiamos una sonrisa que lo dice todo. Al rato, vuelvo a escuchar su voz; esta vez, como un susurro, pero nítida, segura y limpia:

— ¿Me vas a dar pinturas esta tarde y hacemos el pueblo?

— Claro, — le contesto,— En eso habíamos quedado  ¿no es cierto?

Todavía no podía imaginarme ni por asomo, el mundo inmenso y diverso que Lídice iba a revelarme en su propio auto-descubrimiento.

Continuará…

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Magnífico, me imaginé la playa, el mar, el pueblito y a la bella Lídice; mientras lo leía en voz alta con todo extranjero. Gracias por crearlo.

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  2. Muchas gracias a ti. Intentaremos superarnos en la continuación para que sigas experimentando el cariño con el que está escrito

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