Disyuntivas y proclamas

Una radio, tertulia o noticiario
habla por tu boca cuando opinas,
no me pidas que me posicione
cuando planteas disyuntivas,
ya no tienen sentido ni cabida
tener remordimientos, frustraciones,
asignaturas pendientes, éxitos,
batallas u ocasiones perdidas.

Y como tengo nada que hacer,
pues nada hago, y en mi quietud,
impotente, clamo, rujo y bramo
por sentirme dolido y ofendido,
con los capaces, bienintencionados
que, pretendiendo ser amables,
te ponen “el respeto” por barrera,
condescendientes pero inaccesibles,
impidiéndome el trato entre colegas.

Hay también, y en mayor abundancia,
tontos prepotentes e incompetentes,
creyentes convencidos de que, siempre,
fuimos y seremos diferentes: Ellos,
de juventud eterna. Nosotros, sin ella,
que nunca la tuvimos ni a estos les caduca.
E indulgentes, piensan que te protegen
cuando a otros afirman y aconsejan,
no niegues ni discutas su opinión, 
seguirle la corriente que está mayor

Incapaces de pensar, sin opiniones,
no molestan, solo son seguidores,
cómodamente instalados en la masa,
bien acogidos por las convenciones;
borregos de la sombra y el rebaño,
me rebelo y me azuzan en el reto
del que huyen y se excusan, incapaces,
de tener, pensar o expresar criterio.

No me enfado, mis queridos capullos,
os estoy agradecido por mi rebeldía.
Si me afectara como quisierais, me iría
atado y sin pugna, hacia el hastío,
a un destino insuperable. Eso sí,
agradecido de sentirme “comprendido”
por quienes para nada me comprenden.
Así es que, yo no voy, aunque te empeñes.

Cada trozo de pasado es una cicatriz,
un surco en mi rostro que fue arado
por lo andado, por la memoria en fuga
y por la que todavía me acompaña
para seguir tsllando grietas de vejez,
de tierra cultivada con sudor y orgullo,
en los ojos, la frente, las manos y la mente.

Y en ellos, van cayendo las semillas
de la duda, los brotes y los frutos
de ese saber tan propio y tan presente,
que aporta la experiencia aun sin querer
y que no quiero callarme impunemente.

Todavía, y aun así, arraigan tambiém,
las malas hierbas, como la desesperanza
porque, ahora, nada de mí nadie espera.
Pero así ha sido siempre, en cada edad,
no se puede parar el sol ni el tiempo,
hay que trabajar cada labor en su momento,
hay que ser memo para sentir pena por esto.

Y así vivo, encantado de vivir, ahora y aquí.
Allá decidas tú entre el decir y el decidir,
yo elijo el te lo digo, y si te molesta,
hablas o callas, me quedo tan tranquilo.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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