No bajes la guardia

Y ya ves, tú que creías que aquello no volvería, resultó ser que son lobos los hijos de los lobos. Basta con quedarse quieto para que te alcancen, ellos vienen a por ti, aun no queriendo tú ir a ellos. Hay también aborregados que esperan ser sus aliados, cambiar pezuñas por garras, refugiarse en retaguardia,…

Agujero negro

La gravedad con la que hablas a cuantos a ti se acercan y esa total indolencia, como todo lo absoluto, pesa, irremediable, el derrumbe.   Toda la luz ha quedado debajo de tu piel y de tus ojos, devoras cuerpos, luces, sueños, planetas, estrellas y mastodontes.   No lo puedes evitar, todo ha desaparecido, y…

Sentir es tu destino

Hay olvidos que, por definición, no puedo recordar, no son sabidos, no podemos negar ni afirmar, que hayan existido. En lo más recóndito de nuestra mente, juega ella con nosotros, nos engaña, nos agrede o nos ofende, borra, deforma o confunde lo vivido. Tengo, así, verdades que no son y recreo en mi memoria, verdaderos…

Hoy estoy fatal/fetal/fecal

Puede que ya no me quede mayor tristeza y nostalgia, que evocar momentos felices sin conciencia de que lo eran. No es explicación ni excusa, de afectos nada sabía y creía que la gente cuando era amable, lo era, porque me lo merecía. Y luego, estaban los otros, los de la cara de niebla, o…

Número 5: Reto Cine y Reto Alicia Adam.

Originalmente publicado en Alicia Adam:
En su blog Alicia Adam muestra con múltiples publicaciones su calidad como autora polivalente y abierta a las más diversas forman de expresión con que apoya e ilumina sus medidas palabras. Visitar la página e introduciros en ella en busca de sus tesoros. Alicia Adam Ver la entrada original

Prudenter. No aceleres

No aceleres que, cuando todo se obtiene, nada queda. Tampoco espero la fe, la tengo paralizada por el vicio de entender. Y me callo aunque no debo o hablo cuando no quiero y me he perdido, no sé la dirección del infierno, ni voy a poder saber si llegas hoy o mañana, o si habrás…

Hay mejores lugares que el bar para hablar

         El sol de julio me presionaba las sienes y el asfalto abrasaba cada paso. Eran las cinco de la tarde. La comida y la reunión de trabajo se habían prolongado más de lo previsto, aunque no habíamos avanzado demasiado.          Mi especial capacidad para no encajar en ninguna parte, impetuoso, sin control para permanecer…