Hay mejores lugares que el bar para hablar

         El sol de julio me presionaba las sienes y el asfalto abrasaba cada paso. Eran las cinco de la tarde. La comida y la reunión de trabajo se habían prolongado más de lo previsto, aunque no habíamos avanzado demasiado.          Mi especial capacidad para no encajar en ninguna parte, impetuoso, sin control para permanecer…