Viejos versos de cuando era joven (8)

 

loscuentosdelaabuela.com
Imagen: loscuentosdelaabuela.com

Porque quiero creerte,
yo te creo
y quiero yo
que me quieras
porque yo a ti,
te quiero.

No tengo nada claro,
pero sí quiero tenerlo,
tú me dices que es de noche
y ya nada veo,
y, ciego, te voy buscando.

Dime que sí
y por ti intentaré,
volver en fuego la nieve
y fundirnos como el agua
en un abrazo hasta el cielo.

Vente conmigo libre,
sin temores,
para que, juntos,
logremos ser amantes,
sin dejar de ser amigos.

Sin premuras ni exigencias
yo, estaré siempre contigo,
y a un tiempo,
caminaras sin compañía
cuando tú así lo quieras.

Y, a la vez has de saber,
que nunca vas a estar sola
y que conmigo estarás,
de dos maneras:

sin molestar y a distancia,
las más de las veces,
cuando te tenga y te piense,

y sin dejar de abrazarte,
cuando junto a ti me encuentre.
Y si aún me quedara tiempo,
sin agobios, tranquilo,
confiado, deseando
y a la espera
de poder volver a verte,
cómo y cuando tú quieras;

pero sin renunciar,
ni a un momento,
y no es que sea impaciente,
solo es por aprovechar
este ahora, nuestro tiempo,
que ya pasamos los veinte.

(de “Viejos versos de cuando era joven” – 8 -)

 

Anuncios

Es vital o insubstancial,… según lo vea cada cuál

imagesSEOdibu2.ORG2                                                              imagesSEOdibu.org

Cuelgan nidos de oropéndola
en pérgolas con caléndulas
y plantas incandescentes.
Relejano de virajes vas llegando
y veo como te vas… yo lo sé
y lo ignoran los demás;
o, quizás, me haya enredado
y me pueda equivocar,

images (dibu2)
entre flores voladoras,
y núbiles asfódelos,
selváticos, trepadores,
junto a inmóviles gorriones
mirándome a mí, y, detrás,
a horizontes que se inclinan,
imponentes, desafiantes,
hasta ser su vertical.

Hay muy poca gente triste
Y casi toda sonríe
con labios sabios de amor.
Hay bellezas diferentes,
encuentros no programados,
bosques fríos, manantiales
y luminosos volcanes,
con fuegos artificiales,
y con lava de colores.

images (dibu18)

Los efluvios son sonrisas
y las equivocaciones,
se transforman en canciones.
Aquí, hay prisa por vivir,
pero no por tener que ir
de acá para allá, en rutina,
procesiones, ansiedades
y falsas necesidades,
que aquí se pueden cambiar
por las flores de paloma
de la paz.

* * *

¿Tú oyes lo que estás diciendo?
soy tu médico y tu amigo.
Se te ha ido la cabeza,
no estás en la realidad,
me preocupa que te ataque
la demencia intempestiva,
que intentes huir de tu vida.
Yo, no te quiero asustar,
pero ¡vuelve! o te perderás,
y hasta ese mundo extraño,
yo ya no podré llegar.

Pobrecito mi doctor,
médico – reparador:
no es que no quiera volver,
es que te invito a saltar,
que te vengas a este lado,
antes de que sigas viendo
que todo se va a la mierda
y no poderlo evitar
cuando contigo no cuentan.

Sin miedo, con osadía,
y con esta lucidez mía,
que no alcanzas a entender,
yo ya emprendí mi camino
y empecé a desconectar
de cuanto era tan manido,
aburrido, obligado, repetido…

Y encontré a nuevas gentes
con las que puedo charlar,
sin temores, con limpieza,
sin prejuicios ni etiquetas.

Quizás los que ya no estemos
seamos la gran multitud
cuando vengan a preguntar
dónde podríamos estar;

quizás, ya no nos encuentren,
y si aún es gratis soñar,
pues ahora se quedarán
sin súbditos ni votantes,
que en este tiempo, igual da,
(no confundirse con igual-dad)

DSC_0184-recorte02-crop

O, quizás, no ocurrirá así,
Pero yo pienso quedarme
en mi personal insania,
frente a una insana sociedad,
y a la vez estar atento
a cuanto nos pueda cambiar.

Y si quieres ayudarme
búscate en tu alegría,
que esto es cuestión personal,
y no quiero diagnósticos,
nos pueden perjudicar,
auto-profecías cumplidas
si nos hacen sentir mal.

Es mi propia voluntad,
la que elige vivir y escribir así,
– lo que viene a ser igual -,
sin excusas ni pretextos,
qué más da como lo haga,
es cuestión de cada cual
sí lo hacemos bien o mal.

No me preocupa la métrica,
que la vida no se mide,
voy volcando lo que sale,
tratando de disfrutar
y cuido después los frutos,
para poder compartir
y cultivar tu amistad.

Una vez más,
soy pura contra-dicción,
antagonista de mí…
y qué le vamos a hacer
si yo quiero ser así
y yo si sé lo que digo,
aunque, trémula la voz,
saboreo, infantil,
mis tesoros escondidos
y sus mágicas palabras.

Es tan sana esta locura
que echaréis tierra en mi voz,
y yo seguiré escribiendo:

Lúgubre lúcula perseguidora
tizna de ruidos azules
mis temblores de olas, y
de ese mar pequeño, asoma
repunta en curva redonda
y, suavizando su filo,
impido cortar el cristal
de su agua de colorines…

images.dibu3

Índole, índele, piétrole,
sandarrandín, san andarán
sandarrandán, donde estarán,
líndula y polilíndula
língula que habla y besa
tralarí, tralará, la, la….

(de “Otoño sentido”  – 14 -)

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Los ingenuos (8)

No puedo evitar recuperar poemas de años atrás, aunque aparezcan neuras de las que ahora me río, todos tenemos derecho a madurar y cada uno por su camino… Y tras “quitarle el polvo” a los amores de primera juventud  (“Viejos versos de cuando era joven”) voy revisando, entre otros, los de “joven experto”  o de la ingenuidad machadiana “de esa segunda inocencia que da el no creer en nada” y que forman parte de la serie “Los ingenuos”

No puedo estar más contento.
¡Vaya suerte que he tenido!
al haberla sorprendido
en el engaño.

Cuando volvió de pegármela,
con la traición consumada,
me dijo, sin despeinarse,
que solo conmigo estaba.

Ha de entenderse, no obstante,
que no es mi pretensión,
hablar de infidelidad;

el cómo, cuándo, a qué o a quién
se es fiel, es cosa de cada cual.

Pero odio la mentira impenitente,
e interesada, que ignora y daña
a quiénes dices que amas.

Puede que sienta dolor,
pero resulta indudable
que es peor la decepción
por haber sido estafado
por quien menos me esperaba.

Nada de escenas ni llanto,
fiesta por todo lo alto,
que ha sido mi salvación
haberle visto el plumero
sin comerme el pato entero,
cuando aún hay solución.

Se traspasa una condena,
porque ella ya tiene a otro
al que, con todo su amor,
podrá volver a engañar.

A reírme de mí mismo
y a celebrar lo aprendido,
más vale ser un ingenuo
con ganas de superarse,
que un loco enfurecido
que llega a desesperarse.

Evita en toda ocasión

convertir tu orgullo herido
en ira u obcecación.
Sin pensar en la venganza,
llegarás a hacerte sabio,
si te ríes del suceso,
si eres y te sientes libre
para una nueva elección,
sin temor a los fracasos
y mirando hacia lo alto,
sin censura ni reproche.

Actúa después del día,
y deja pasar la noche,
que es imperio de la calma.
No es lo mismo reaccionar
que actuar con reflexión
y aplicar tu decisión.

Yo te lanzo pensamientos
y no es otra mi intención.
Tú, después,
quédate con los que quieras
que siempre tuya es la opción
de disfrutar tanta vida
y tanto amor que te queda.

(de “Los ingenuos” – 8 –  1.992)

 Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Otoño sentido (7)

viviendomadrid.com
Imagen: viviendomadrid.com

Hoy he encontrado a un tonto
que vivía en mi pasado,
incrédulo y asombrado,
preguntó:
Cómo es posible,
con lo que tú has sido,
que ahora vivas donde vives.

Con este defecto mío,

de tratar de explicar,
a quien de nada le sirve,
respondí:

Hasta ahora no elegí
el lugar en que viví,
fue él, quien me eligió a mí.
Y cada vez que se opta,
buscamos lo que nos falta
y evitamos las prisiones,
aunque una vez dentro,
creas, cubrir tus necesidades,
y, te afirman, que disfrutas
de magníficos exteriores,

tienes sábanas de seda
y servicio de habitaciones.

Desconfío de las masas
y de la publicidad,
sea o no intencional.

Por eso llegué hasta aquí,
dónde se puede ir a pié,
a tu paso y tu interés,
a cualquier casa o lugar.

Me miraba impaciente,
pensando que era un tío raro
y arrepentido por preguntar,
Bueno, pues me alegra verte,
ya me tengo que marchar.

Y apresado en su “mercedes”
atado a asiento de cuero
con cinto de seguridad,
le vi alejarse y pensé,
todo eso quedó atrás,
de menuda me he librado.

Y he vuelto corriendo a casa
para ver que, como siempre,
aún seguías a mi lado
¿Qué es desierto mi paisaje?
bueno, casi, casi,
porque aquí estás tú
y, juntos, nos escapamos
por montañas o por mares,
y, cómo no,
a noches de amigos y de ciudades.

Y luego, regresamos,
y parece un país nuevo
en el que mirar tus ojos,
y no otros,
escuchar el silencio,
o nuestra conversación,
o cantar por alegría,
sin tener que ser oído,
aplaudido o censurado.

Y otro día,
cuando sintamos ausencias,
salir a buscar de nuevo,

otras queridas presencias…
Y, otra vez, regresar,
porque, junto a ti,
todo está cerca.

IMG-20171021-WA0027
(labrapalabras-miguel)

(de “Otoño sentido”  -7- )

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Viejos versos de cuando era joven (4)

PraderadeSanIsidro663x335_1406289313.195
Romería en la Pradera de San Isidro – Francisco de Goya y Lucientes, 1778

Romería de San Isidro. Madrid – Recuerdos de niñez

Es 15 de mayo y la mañana ha empezado oliendo a chocolate con churros… Es el Día del Santo y con incontenible algarabía, nos vamos de romería.

Bajaremos hasta el Manzanares y, a la llegada al Puente de Segovia, torceremos a la derecha, para seguir bordeando el río, hasta divisar el cerro. Se nos va uniendo gente desde todas las calles y caminos, vienen en caballo, en carros, en autobuses y, la mayoría, como nosotros, andando.

Desde hace unos días, las casas próximas a la ermita nos lo venían anunciando con sus portales abiertos y los patios salpicados de colores y olores de claveles, geranios, verbenas, romero y hierbabuena.

Las casas se han vestido con sus camisas de gala, blancas de cal, inmaculadas. Y en la pechera, sobre la puerta de la principal, resaltan las puntillas y bordados de piedra del escudo blasonado y con encajes en puños y bajos, de ramos de flores depositados a ambos lados.

Al costado derecho, está la Fuente del Santo, – de la Sacramental que hay detrás, hoy no hablamos, que estamos de fiesta -.

Se narran milagros sin fin para los que bebieron su agua. Y la primera acción milagrosa, es lograr tragarla, con ese sabor salobre, áspero, de barro, cal y hierro oxidado, reseca de sal y de siglos esperando a los peregrinos, que solo podrán beber hoy, arrimándose al abrevadero, hacinados, mientras otros protestan y guardan la cola, porque todos quieren beber y llevarse agua del santo para sanar los posibles males que pudiera tenernos reservado el año. La impaciencia era parte de la tradición, hoy subsanada mediante la instalación de una barra de cinc alrededor del pilón y barmans llenando vasos de peregrinos.

Mi padre me enseñó que siempre ha de tomarse distancia de toda multitud, contemplar la escena y no “dejarse llevar por el rebaño”… Bastaba con esperar a la hora de la comida y la inevitable siesta, para que la fuente fuese vaciándose y aprovechar para llenar nuestros botijos, recién comprados a los muchos botijeros, en sus puestos o con sus burros, pues también era costumbre estrenar el botijo con agua del santo. Después, ya vendría el anís, para que se quedara listo de cara al verano.

Mientras, paseaban por toda la pradera las aguadoras. Hacia nosotros se encaminó una gitana vieja, con la saya hasta los pies, y sobre esta, un mandil bordado y un clavel en la cabeza. A su lado, una joven morena, con el pelo brillante y negro como el azabache,  

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Seguir leyendo “Viejos versos de cuando era joven (4)”

Otoño sentido (3)

Nocturno

Ya se fue el tedioso día
y camino a mi casa
con pasos que titubean
y retumban
sobre las piedras mojadas
de los muros y las calles.

Llevo la boca empastada
de hastío y de borrachera.
Paro en el silencio oscuro
y contemplo como suben
las sombras por las paredes,
entrando por las ventanas
de salones y de alcobas,
huyendo de las farolas
y anegando los patios
de esta lluvia de agua negra.

Hoy no pudimos salir,
porque había marejada.
El mar parecía tranquilo,
pero tallaba en la arena,
pirámides y espirales
o relieves con las huellas
de pájaros imposibles
y bestias inexistentes.
Y después,
como si llevara prisa,
el agua retrocedía
y llevaba mar adentro,
algas, conchas destrozadas,
y basura,
haciendo subir las olas,
empujadas y colgadas,
como las barcas de feria,
más altas yendo hacia atrás,
y más aún cuando llegan.

La superficie se ha vuelto,
negro y líquido azabache,
que refulgiendo se mece
con los brillos de la luna
surfeando en las rompientes.

No me asusta esta calle,
ahora oscura y solitaria,
con sus luminarias viejas,
pequeñas y temblorosas,
que se mueven con el viento,
sombreando los perfiles
de extraños monstruos fugaces;

ni tampoco me preocupa
que se calen los zapatos,
ni el frío,
que sujeta contra el aire
las nubes que hace mi aliento.

No quiero volver a casa,
solo de eso tengo miedo,
del silencio sostenido,
largo y fuerte,
cuando abra yo mi puerta,
de la soledad constante,
se quedó a vivir conmigo
y no logro que se vaya.

Aquí no hay incertidumbre
y a esa certeza temo,
nadie hay y a nadie espero,
solo sombras que acompañan
a mis pasos, que se vuelven,
más espesos y pesados.

¿Dónde voy yo?
si no me puedo embarcar,
ni tampoco estarme quieto.

Un trueno potente y nuevo,
asustándome responde:
Marinero ya no eres.
Disfruta todo tu tiempo
porque ya te has retirado.
Sal a buscar a tu gente,
que tú eres de tierra adentro
y disfruta sin descanso,
de soledades y encuentros.

(de “Otoño sentido” -3-)

labrapalabras-miguel

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Otoño sentido (8)

DSC_0125-cropBB.JPG
(Fotografía: Juan Uceda Crespo)

Lunático

Lunático, dicen que soy,
conocido y consumado.
Y para no defraudaros,
hoy he mirado a la luna
y he visto que está engordando,
decadente, envejecida,
ahora que está grande y llena,
han crecido sus arrugas,
cicatrices y volcanes.

Se apoya en el horizonte
para evitar su caída,
y está temblando y se estira
por el esfuerzo que hace.

Es por eso que enrojece
su antigua cara de plata
e inunda con su rubor
la línea que nos aleja
y separa a los cielos
de las tierras y las aguas.

No te apures,
no te pese tu caída, porque hoy,
gorda, redonda
y con la piel de naranja,
serás más luna que nunca…

Y volverás mañana
y pasarán los días,
y como estás obligada,
habrás de cambiar, de nuevo.

Menguando, retrocediendo
te harás más limpia y más blanca,
para columpiar mis sueños
entre tus cuernos de plata.

Tanto juego, tantos sueños,
tantos viajes y regresos
te van a dejar exhausta.
Así, una y otra vez,
volvemos a las andadas.

Me siento niño en mi cama,
mirando por la ventana.
¿Es verdad que no pueden
contarse las estrellas?
Bueno, quizás mañana,
lo intentaré de nuevo,
hacerlo tiene de bueno
que ya las voy conociendo.
Veré si puedo nombrarlas,…
y antes de que termine,
suavemente estoy durmiendo.

Así seguimos creciendo;
soy joven, enamorado
y, cada vez que te miro,
más parece que te sueño.

Qué más puedo pedir
si acampados junto al río,
nos abrazamos con fuerza
para hacer huir al frío.
Y me asomo a escuchar
la música que acompaña
al caudal que nos acuna.

Y te veo,…
mi espejito de plata,
estoy viendo como tiemblas
y veo que te deshaces,
cuando te acaricio el agua.

Pero dormiré feliz,
tengo la seguridad,
de que tú estarás aquí
cuando recobre la calma.

(de “Otoño sentido” – 8 -)

FIRMA MUI BUENA
labrapalabras-miguel

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Versos sueltos y no resueltos (4)

6 bosque dibu
(M. U. I.)

No es dudoso para mi,
aquel que sabe dudar
y manifiesta sus dudas
¿Puede un dogma o definición
decidir la elección de nuestras metas,
o alienarnos, diciéndonos qué pensar
si nos queremos salvar?

 Es más cierta e incuestionable
la mentira, que las múltiples,
auténticas y únicas verdades.
Cada cual tiene las suyas,
quieren creer lo que anhelan
o aquello que les contaron
para buscar el consuelo
o justificar la espera,
haciendo de ella virtud,
y la llaman esperanza.

 Gente de ascendiente y confianza,
te dijeron y enseñaron que es así;
y, lo que es más peligroso,
tú amor y tus sensaciones,
tal cual te lo hicieron sentir.
¿Qué otro remedio quedaba?
si tu vida se apoyaba
en los seres que te amaban
y que así te lo decían:

Te lo tienes que creer,
y desde aquí fabricamos
otra virtud grande y nueva,
a la que llamamos fe.

 Y aún nos queda una tercera,
que dicen, también, que es,
para poder socorrer
a los más necesitados,
pero nunca encontrarás
que así busquen la igualdad
entre los seres humanos.

Ya te habrás imaginado
que hablo de la caridad,
otra virtud que distingue
y permite señalar
a los hombres que reciben,
pobres de necesidad,
de los otros, los pudientes,
personas tan bondadosas
y “religiosas”
que nada quieren cambiar,
de su inmutable verdad.
Ellos están bien así
¿Para qué van a dudar?

Ayudando a los demás,
se compran la buena fama,
puede que de buena fe,
o haciendo publicidad
y, además, con el agradecimiento
de tantos necesitados,
pues,… reducen sus impuestos,
más que el óbolo entregado.

Mi respeto para ellos,
tan grande y tan verdadero,
al menos, como,
el que ellos a mi me tengan.

Y, tratando de aclarar,
que vaya ahora por delante,
mi amor a la Humanidad.

Más, gran parte de la gente,
nunca se paró a pensar
que las manos que reciben,
obligatoriamente han de estar
debajo de las que dan.
¡Mira si quiero a los pobres,
que necesito que existan
para ensalzar mi bondad!

 Y son estas,
las virtudes “principales”,
que otros llaman teologales,
– aunque a mí me gustan más,
las llamadas cardinales -,
digamos,… que son vitales
por enseñarme a vivir
basándome en la experiencia,
sin “teos” y sin creencias.

Todo son dudas y,
además, quiero dudar.
Puede que solo descubra
que doy vueltas sobre mí,
o, quizás ya solo escriba
para llegar hasta ti,
intentando que me leas,
aún sabiendo que,
de nuevo,
resulte el intento vano,
y otra vez, la vanidad.

Puede que necesite,
ser necesitado o,
tan solo,
llenar así, mi gozosa soledad,
con mi escritura – terapia,
tan vital y tan privada,
para mí.

Más sí deberé que aclarar
que, salvo en lo que es mi vida,
nunca yo he pretendido
y nunca podré lograr,
resultar original.
Soy plenamente consciente:
no es digno de atención,
nada de lo que yo digo.
Ni predico, ni aconsejo,
¡Qué los dioses me libren de eso!

Cada vez que digo “creo”
me estoy negando a afirmar,
solo digo,
que la posibilidad existe,
de que así sea y de que no,
o ninguna,
o cualquiera de las dos.

Puede que, sin yo saber,
quiera querer que me quieran,
nada más.

Y que, antes de seguir,
también habrás de aprender
que a nadie le importa nada.
Que no se te ocurra, pues,
si lo puedes evitar,
querer o necesitar.

Y aunque no te lo asegure,
por el momento, yo creo,
que voy a seguir aquí,
escribiendo para mi
y en total intimidad,
en este mi único espacio
en el que puedo contar,
maldecir, destruir o construir,
mostrar mi debilidad
sin que sea perjudicial.

Y, al tiempo, manifestar,
que no lo voy a dejar
y que solo es para mí
para quién quiero escribir.

Y si en alguna ocasión,
alguien llegara a leerme
y compartiera conmigo
pensamientos o ilusión,
pues, le estaré agradecido,
más sabiendo, ellos y yo,
que a todos y a nadie escribo
y que siempre he preferido
el goce a la ostentación.

Dib. Sª Familia.JPG
(M. U. I.)

(de Versos sueltos y no resueltos, 4 –
año 1997 –revisado – )

 Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Otoño sentido (15)

images (7)impre

También a mi me pasa, pero no aprendo.
Detesto lo que tengo, porque es lo que a mí me tiene,
aunque no quiera.
No quise tener nada,
ni ser propietario de nadie,
ni que nadie me tuviera.

No es lo mismo ser que estar,
ni tener que poseer.

Y así, por no ser de nadie, de todos quisiera ser
convertida en puta, pero sin dinero,
ruina del proxeneta, de chulos o de vampiros;
prefiero que, todos, a mi me tengan,
y que nada sea mío, de cuanto aquí se queda,
de no ser posesor o estar poseído,
– viene a ser lo mismo -,
por los bienes materiales
que despiertan envidias, recelos,
odios o deseos perversos y ciegos,
que me hacen su seguro servidor y me obligan
a cuidarlos, mantenerlos y ampliarlos.

Conmigo quiero portar, nada más,
lo que no me pesa,
y que sea, una inmensa cantidad,
miles, millones, quizás ¡Ojalá!
de todo cuanto sé que es solo mío, exclusivo,
que no puede ser robado, pagado ni adquirido.

A modo de inventario, y sé que de algo me olvido,
elaboraré un listado de cuanto quiero llevarme :

– besos,
– caricias,
– abrazos,
– palabras,
– sonrisas,
– recuerdos,
– amores y amoríos,
– música,
– paisajes,
– lecturas,
– poemas,
– sueños y fantasías,
………….
– paz,
– sosiego,
– amigos,
– mis obras,
– mis logros,
– mis proyectos terminados, o conseguidos,
– mis aciertos,
– mis errores,
– y cuanto de ellos he aprendido,
– la alegría que produje en todos mis seres queridos,
– y su perdón por los fallos, fracasos y olvidos,
……………..

Vida,
solo vida,
vida en suma.

FIRMA MUI BUENA
labrapalabras-miguel

(de “Otoño sentido”)

 Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Es mi dueña tu ausencia Autora: Manoli Jaenes Sánchez

 

Es mi dueña tu ausencia_Manuela Jaenes Sanchez
Imagen: M. U. I.

 

Es mi dueña tu ausencia,
la que hace mis días,
tristes y vacíos.

Añoro tu llamada
cotidiana y segura,
certeza de que estabas:
– Hola ¿qué tal?… buen día.

 Y con el recuerdo vivo,
recorro tus manos
cuando me acariciabas,
fuertes y suaves,
amorosas y arrugadas.

Limpia mi vida y mi mirada,
carentes de batallas y derrotas
en aquellos años felices
que hacían de cada día
un nuevo aprendizaje,
junto a ti sentada, y a la vez,
en la más bella ignorancia,
sin sobresaltos ni miedo,
disfrutando de una infancia
que a mi me resultaba
eterna y transparente,
vacía de tristezas
y de desesperanzas.

Tú siempre me decías:
“Aquí, las adversidades,
no tienen cabida”
mientras miraba tu cara
con su sonrisa enmarcada
por tu pelo de plata,
como puntas de olas,
o encaje de canas,
ondulado y rodeando
tu semblante sereno.

Tu voz, como un susurro,
murmullo de mar en calma
y arrullo de dulces cantos;
llené tu ausencia de ti
para seguir a tu lado.
Y, aún así,
tampoco puedo olvidar
que te has marchado

¡Me hizo tanto daño!
que tu ausencia es mi dolor
y tu recuerdo mi bálsamo.

Manoli Jaenes Sánchez
(Colaboración)